Desde el día 8 de noviembre hasta el día 30 del mismo mes, con un horario de mañana de 11 a 13:30 y de tarde de 18:00 a 21:00 , podemos asistir a una interesante exposición sobre el hombre de la Sábana Santa, también conocido como el Hombre de la Sindone (síndone es sábana en italiano)

Sabana Santa

La exposición que cuenta con obras y dibujos del escultor sevillano Juan Manuel Miñarro hace un recorrido por la historia de la Sábana Santa que va desde sus orígenes hasta los estudios científicos más recientes, centrándose precisamente tanto en los estudios realizados como en la reconstrucción del aspecto del hombre de la Sábana y las heridas que le provocaron la muerte.

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Historia de la Síndone

La Sábana Santa, que actualmente se encuentra en la catedral de Turín en Italia, es el sudario con el que se envolvió el cuerpo de Jesucristo, según la tradición hebrea, cuando fue enterrado y que fue encontrado por los apóstoles San Juan y San Pedro. Ellos debieron de recoger la sábana que se mantuvo oculta durante siglos.

Del siglo V son los primeros textos en los que se dice que en Edesa (actualmente ciudad de Turquía) se veneraba una “auténtica” imagen de Cristo. También se le llama “tetradiplon”, es decir, tela doblada en 8 partes (cuatro por dos) y  mandilión que significaba sudario en Siria. Estos textos hablan de que esa imagen es real, no representada ni pintada. Realmente no sabemos si se refiere o no a la actual Síndone, quizá se trataba de un “Santo Rostro” que se enseñaba con carácter protector y al que se le atribuían milagros.

A finales del siglo X el “mandilón de Edesa” fue llevado a Constantinopla, y ya en ese momento se habla de una imagen de cuerpo completo sin colores, como una marca de humedad con restos de sangre e incluso algún documento habla de una herida en el costado.

El siguiente lugar en el que estuvo la Síndone fue en Francia, después  de que fuera trasladada allí desde Constantinopla en la IV Cruzada, según fuentes escritas.

En el siglo XIV aparece en la localidad francesa de Lirey un lienzo con esas mismas descripciones, y desde aquí pasa al castillo de Cambéry, cuya ciudad era la capital del ducado de Saboya. La sábana fue entregada por Margarita de Charny al duque de Saboya.  Si bien al principio no tenía un lugar fijo, y la tela era movida de un lugar a otro con la Corte, fue Amadeo IX de Saboya quien proyectó para ella una mansión estable. Bajo la iniciativa de su esposa, reemprendió en 1465 las obras de construcción y embellecimiento de la capilla del castillo de Chambéry (Francia), donde es trasladada la Síndone  en 1502. En el año 1509 Margarita de Austria regaló una caja de plata dorada de 1.200 escudos de oro para custodiar el lienzo.  En 1532 sufre el fatal incendio que deja sobre la tela las características quemaduras que desde entonces la acompañan.

Sabemos que esta sábana  que  aparece en Lirey, alrededor de 1300, es la misma que está ahora en Turín,  y  que esta tela tiene polen de plantas que crecen en los alrededores de Jerusalén, plantas idénticas a las que crecen en los alrededores de Edesa y en los alrededores de Constantinopla.

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Pero, ¿cómo llega la Sábana a Turín?

La Síndone fue llevada a Turín, que entonces era la capital del ducado de Saboya, por el duque Manuel Filiberto  gracias a la intervención de San Carlos Borromeo. La historia nos cuenta que hacia el año 1576 la peste se cebó con la ciudad de Milán y San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, hizo voto de peregirnar a pie a Chambéry para venerar la Síndone si remitía la peste. Habiendo de atravesar los Alpes, y achacoso como estaba, aquél era un sacrificio superior a sus fuerzas. Por eso el duque de Saboya, Manuel Filiberto, quiso ahorrarle un viaje tan penoso y dispuso el traslado de la Síndone a Turín.  En septiembre de 1578 llegó la Síndone a Turín y fue depositada en la capilla ducal de san Lorenzo, junto a Piazza Castello. El 7 de octubre se ponía en camino san Carlos Borromeo para cumplir su voto. La tela no se movería ya de Turín. En 1694 fue trasladada solemnemente a la monumental capilla real de Guarini.

El Cristo de Miñarro

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El Cristo del escultor Juan Manuel Miñarro es el resultado de seis años de trabajo continuo sobre la Sábana Santa. Apoyándose en un equipo multidisciplinar formado por médicos forenses, antropólogos, historiadores, arqueólogos, físicos, químicos y artistas. Miñarro ha tratado de realizar un retrato lo más realista posible del hombre de la sábana basándose en las heridas que allí hay reflejadas.

Hasta este momento los Cristos han estado más o menos idealizados, como imagen del triunfo del hombre-dios sobre a muerte del hombre derrotado y herido,  con un profundo sentido teológico de la figura de Cristo en la Cruz.

Hasta la película de Mel Gibson,  “La Pasión de Cristo” nunca se había hecho una representación realista de la Pasión de Jesús de Nazaret, incluso causó escándalo porque se dijo que era una película excesivamente cruenta. Pues bien, esa es la imagen real del hombre de la sábana, y la del Cristo de Miñarro.  Los forenses afirman que estamos ante la huella de un hombre torturado hasta el extremo, lleno de heridas, contusiones y de todo tipo de deformaciones reales.

La Sábana muestra:

  • Una serie de regueros de sangre propios de una corona de espinas que aparecen no solamente en la frente sino también en la nuca.
  • También tiene contusiones o hinchazones que cubren toda la frente.

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  • En la mejilla derecha tiene una contusión doble que le ha producido una deformación que parece atribuirle muchos más años de los que debía tener este personaje. Fijándonos en la otra mejilla vemos que tiene una contusión con una herida.
  • Tiene una herida en la nariz y tiene roto el cartílago, posiblemente de una caída o del golpe que ha producido la contusión en la mejilla derecha, porque en la punta de la nariz se han encontrado restos de tierra, igual que en las rodillas y en las plantas de los pies, que casualmente tiene la misma composición que la tierra de la zona de Jerusalén. Podría ser de una caída o del golpe que hubiera partido el cartílago. Vemos también un reguero de sangre por descarga nasal. Incluso una mancha en la nariz que podría ser un salivazo
  • Podemos fijarnos también que hay una colada de sangre con saliva que sale de la comisura derecha de los labios y si nos fijamos en la barba vemos que el mentón está hinchado y contuso y la barba manchada de sangre.
  • Todas estas características nos están indicando son heridas, contusiones reales de una persona que ha sido sometida a una tortura terrible.

En la exposición podemos ver algunos objetos interesantes como:

  • La posible corona de espinas, que no sería un aro, sino una especie de casco hecho con un montón de espinas. Esto no es típico de otras muertes o torturas romanas, se hace en el caso de Jesús porque Jesús se ha proclamado Rey y se trataba de burlarse de esa circunstancia, pero era muy poco frecuente o casi impensable que se hiciera en otro caso, por tanto encaja perfectamente con la figura de Jesús.

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  • El flagrum taxilatum:             e7554380-b939-47b3-9a15-caa72c6391f7instrumento romano conocido perfectamente por las excavaciones de Pompeya y Herculano y que era para azotar a los presos. El nombre viene de los “taxilos”, especie de bolitas metálicas que había al final de las tiras de cuero que se clavan en la piel y con sus pinchos la arranca. Las heridas de la espalda del hombre de la sábana responde a este tipo de utensilio.
  • Los bocetos y pinturas del artista Miñarro, y su imagen del Hombre de la Sábana.

 

Estudios científicos

Pero uno de los aspectos más interesantes de esta exposición radica en los estudios  y pruebas que se le han realizado a la Sábana, y las conclusiones de los mismos. Destacar que nadie duda hoy día de la presencia de la sangre en la tela, pero, ¿cómo pudo realizarse la imprimación del cuerpo? ¿responde realmente al cuerpo de Jesucristo?

Entre las pruebas realizadas destaca la del Carbono14 que concluye que el lienzo tendría una antigüedad mucho menor, que lo sitúa en torno a la Edad Media; sin embargo, el propio estudio reconoce un margen de error importante que dataría la sábana con mayor antigüedad, por esto hay muchos científicos partidarios de volver a repetir la prueba. Sabemos que la Sábana está muy contaminada, especialmente por el incendio sufrido en 1532, que dejó las manchas que hoy percibimos con claridad.

 

Por otro lado, se han estudiado los restos de polen que existen en la tela, y todos pertenecen a plantas autóctonas de zonas desérticas, que se llaman plantas halofitas.  Ese polen nos indica que el origen de la sábana no puede ser Europa, tiene que haber estado bastante tiempo fuera de Europa y eso antes del siglo catorce, porque después ya no ha salido de ella; por tanto es un dato que relacionado con otros, haría verosímil la hipótesis de que el hombre de la Síndone fuera Jesucristo.

Os animamos a visitar la exposición y os recordamos que estará abierta en horario de mañana y tarde hasta el 30 de  noviembre.

Aprovechamos para felicitar a la Real Hermandad y Cofradía del Santo Entierro de Cristo y María Santísima de la Soledad Coronada por esta interesante iniciativa.

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