Inquisición

La Inquisición española, fundada en 1478, llegaba a Córdoba en 1482, siendo el tribunal de esta ciudad el segundo en constituirse en Castilla, después del de Sevilla.

La jurisdicción del tribunal de Córdoba incluyó en un primer momento también a Granada, pero una vez que en esta ciudad fue creado su propio tribunal, el mapa andaluz quedó dividido en tres grandes tribunales: el de Sevilla, el de Granada y el de Córdoba (que incluiría Jaén, Écija y la provincia de Córdoba a excepción del condado de Belalcázar). Así, Priego de Córdoba quedaría dentro del distrito del tribunal de Córdoba

Los inquisidores tenían obligación de recorrer todos los territorios de su jurisdicción al menos una vez al año, aunque esto no siempre ocurría. En estas visitas y tras el sermón correspondiente, las personas eran alentadas a confesar los pecados de herejía, tanto los que ellos mismos hubieran cometido, como los que hubieran podido detectar en sus familiares, vecinos o conocidos.

El tribunal cordobés fue muy activo en sus primeros años en la persecución de los judaizantes, es decir, judíos convertidos al cristianismo pero que seguían manteniendo sus costumbres y ritos. Aún más en los años que el Inquisidor Diego Rodríguez Lucero pasó en Córdoba y en el que fueron enviadas a la hoguera cientos de personas (si quieres conocer un poco más pulsa aquí). Lucero llegó incluso a acusar a personajes de la más alta élite cordobesa, entre ellos el I Marqués de Priego, don Pedro Fernández de Córdoba, hijo de don Alonso de Aguilar y sobrino del Gran Capitán. Si era o no judaizante no podemos averiguarlo, pero no iba tan desencaminado Lucero a la hora de señalarlo como judeoconverso, pues su madre era la hija del Marqués de Villena, y éste ya había sido acusado con anterioridad de sus orígenes conversos.

Prisión de la Inquisición. Biblioteca Virtual de Andalucía

Prisión de la Inquisición en Córdoba. Biblioteca Virtual de Andalucía

Sin embargo, no será hasta 1558, cuando se tienen noticias de las dos primeras personas apresadas en Priego por la Inquisición. Fueron Luisa Gómez, mulata enviada a la hoguera por apóstata, y Cristóbal Ramírez de la Pastora, condenado a oír misa mayor en día de fiesta por dar opiniones consideradas heréticas.

No serán los únicos, por supuesto, con el paso de los años habrá muchos más acusados principalmente por blasfemias, fornicadores y libertinos, solicitantes, bígamos, etc. También por contar lo que ocurría dentro del tribunal. Todo lo relacionado con la institución de la Inquisición estaba rodeado de un gran secreto. Tanto los inquisidores como el resto de trabajadores del Santo Oficio, aquellos que delataban a otras personas, los que testificaban, hasta los reos que eran perdonados y reconciliados con la iglesia, debían guardar el máximo silencio sobre lo que ocurría dentro de la Inquisición, bajo pena de excomunión y de ser juzgados. Incluso cuando una persona era acusada y era apresada para conducirla ante los inquisidores, no se le revelaba cual había sido la acusación contra él o ella.

A pesar de que, como hemos dicho, los judaizantes fueron uno de los colectivos más perseguidos por la Inquisición, en Priego no fueron muchas los vecinos apresados y condenados por este motivo, la gran mayoría eran de origen portugués, lo que se conocía como “marranos”. Se trataba de conversos portugueses que llegaron a España durante el reinado de Felipe II y también durante el de Felipe IV, ya que el Conde Duque de Olivares los favoreció mucho. Se dedicaban principalmente al comercio o al arrendamiento y también sufrieron una importante persecución por parte del Santo Oficio

Es curioso el caso de los hermanos Juan, Francisco y Domingo Fernández de España, prendidos por la Inquisición en 1627 por el testimonio de dos testigos que los acusaban de judaizar. Uno de estos testigos era María de los Santos, portuguesa y vecina de Priego, que como judaizante había sido condenada a ser relajada, es decir, a morir en la hoguera. Momentos antes de morir, pidió retractarse de su declaración y confesó que había denunciado falsamente a los hermanos, por lo que se paralizó el proceso. En el auto de fe de ese año 1627, de los 76 judaizantes que fueron condenados a diversas penas, 11 de ellos eran vecinos de Priego.

También se tienen noticias de hechiceras. No hay que confundir brujería y hechicería. En la época, una bruja era aquella que había renegado de su fe cristiana y había hecho un pacto por el que servía al demonio, era quemada en la hoguera; las hechiceras seguían manteniendo su fe y aunque hacían tratos con el demonio, no le servían, por lo que sus penas solían consistir en azotes y multas. En el siglo XVI existió una hechicera que ejercía en Carcabuey, aunque era natural de Priego, llamada Juana García “La Rufiana” que incluso tenía una “academia” donde enseñaba conjuros, oraciones o invocaciones al demonio para realizar hechizos de amor, principalmente.

Pedro Alcalá-Zamora Ruiz de Tienda

Por último, también hacer mención a aquellos personajes que colaboraban con la Inquisición como comisarios, delegados de los inquisidores en los pueblos cuando estos no podían acudir; o los familiares del Santo Oficio, colaboradores laicos que a cambio de ciertos beneficios ayudaban en las tareas de apresar acusados o delatar comportamientos susceptibles de ser considerados herejía. Entre ellos un nombre atrae nuestra atención, como es el de Pedro Alcalá-Zamora Ruiz de Tienda, familiar del Santo Oficio en el año 1801 y familiar también de los ilustres prieguenses Niceto Alcalá-Zamora y Adolfo Lozano Sidro.


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